Feminism Is Not Dead

 

Nunca hablamos de venir por nuestra parte del pastel. Hemos hablado mucho, por fin, sí: hemos sido capaces de señalar puntos cruciales que ayudaran a entender la opresión vivida, sufrida, e incluso ejercida, porque incluso las feministas gozamos de privilegios. Hemos sido capaces de unir los puntos y esbozar teorías que pudieran ayudarnos a derribar la casa del amo; nos hemos dotado de prácticas que nos ayudaran a liberarnos, a entendernos, a proyectar otros imaginarios y a conseguir que se hicieran realidad. Hemos perdido a muchas por el camino y olvidado en algunos tramos a otras tantas que urge recuperar. ¿Pero quién habló de tarta? Todos estos puentes, todas estas redes contrahegemónicas, descoloniales y críticas ¿acaso no fueron pensadas para crecer juntas? 

Son muchas las vidas creadas en resistencia que han creado en los márgenes y han creado los márgenes necesarios para poder vivir vidas que merecieran ser vividas. Muchas las que han dinamitado con la palabra, la voz, las imágenes, para que otras sembraran siquiera imaginarios posibles. Muchas las que han señalado insistentemente las fallas, las erratas de esos sistemas y que nos han ayudado a ser mejores, a afinar y pulir. Vinieron las lesbianas (¡bien!) a derribar el tejado, las racializadas (¡menos mal!) a tirarnos la casa y sí, las personas trans (per-so-nas trans, yes!) a cuestionar nuestro yo, nuestros estereotipos, nuestro más obtuso sistema binario, biológico y dimórfico. ¿Y bien? Se trata de no reproducir las mismas violencias que el sistema reserva a las mujeres y si una y otra vez caemos en esto, una y otra vez tendremos que revisarnos, aprender, asumir, sanar y volver a la carga. Tantas veces imaginados, esos mundos de sororidad (phenjalipen, que dicen nuestras hermanas romaníes), vacíos de opresiones, resulta que son privativos, propios de un sujeto determinado y no de otres. La idea era construir al margen del imaginario y del sistema neoliberal, heteronormativo, patriarcal, racista y sexista que nos tiene literalmente presas. 

¿Por qué tanto interés social en poner el acento en vigilar la esencia femenina? Poner el acento en rechazar, excluir, condenar al ostracismo interpersonal, institucional y profesional, no era la idea. La idea no era dejar a las trans en la cuneta, ni tampoco a las putas, ni a las discas, ni a las racializadas, ni a las locas, ni a nadie. Esa no era la idea de partida. No hay tarta que repartirse o estamos reinventando las opresiones, las jerarquías y alegrándonos, tristemente, de ser la figurita hetero-cis de lo alto de la tarta de bodas. Y no, no hemos venido a repartirnos nada, hemos venido a inventar, a crear juntas y juntes y a vivir vidas dignas en amor y puro respeto.

“Pienso en cómo podríamos actuar más allá de la retórica del agotamiento, y adoptar una lógica de la posescasez para hacer justicia a los métodos de apoyo colectivo que llevamos décadas inventando y elaborando activamente, y para hacerlos más sólidos.”

Hil Malatino en “Cuidados trans”,Edicions Bellaterra.


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