Jodidamente Vivas

Jodidamente Vivas

"Defender el cuerpo no es un gesto íntimo: es una posición política".

(Lorena Cabnal)

Estamos aquí "jo-di-da-men-te vi-vas" a pesar de todo y todos, estamos con el cuerpo, con deseo, con una vitalidad que no pide permiso ni perdón. Estamos juntes en la barra del bar, en la línea de montaje, vareando aceituna, en la calle (plaza del pueblo, centros sociales, asambleas, bancos de parque), hartándonos de reír y bailar en un goce explosivo con nuestras amigues, compañeres, hermanas, amantes y vecines. Estamos aquí tejiendo la resistencia colectiva frente a la violencia de quien nos quiere rotas, recuperando la alegría como reparación y venganza contra el patriarcado.

Rita Segato lo ha dicho de mil maneras: la violencia funciona como una forma de enseñar quién manda y quién debe tener miedo. No se trata solo del daño a una mujer concreta; se trata de disciplinar, de marcar territorio, de reinstalar jerarquías. Virginie Despentes, desde otro lugar, insiste en que la violencia sexual no es un accidente del sistema, es una de sus herramientas. Sirve para domesticarnos, para administrarnos el miedo, para empujarnos hacia una feminidad dócil. Y por eso hablar, hablar sin vergüenza, sin pedir perdón, sin suavizar el relato para que resulte "digerible", ya es una forma de justicia.

El feminismo comunitario, nacido en Abya Yala y tejido desde comunidades indígenas y campesinas, ofrece una perspectiva única y poderosa sobre las violencias machistas. Entiende que esa violencia no es solo un problema individual o privado, sino un fenómeno estructural y sistémico. Desde esa mirada, cuando una mujer es agredida, la comunidad entera se enferma. Por eso, el restablecimiento del equilibrio en la comunidad pasa por la sanación colectiva.

¿Cómo vivir sin que el patriarcado nos dicte el tamaño de la alegría? Itziar Ziga lo dice claro: colectivizar el secreto. El hecho de contar una violación entre amigas (con "unos chupitos y un lugar acogedor"), sin juicios ni dramatismo excesivo, es una forma de reparación radical. Porque reparar también es que el barrio sepa quién es el agresor, que la "víctima" no tenga que mudarse y que el tejido social se reconstruya mediante la reciprocidad. Es sacar el trauma del ámbito privado y ponerlo en el público/afectivo, donde la comunidad lo disuelve. La reparación comunitaria es saber que somos millones, que tu dolor es mi dolor y es político y, por tanto, compartido.

"Jodidamente vivas" es el mensaje de este diseño que se teje en plural, en el grupo que te cree, te recoge, te acompaña al médico, te manda un audio a las tres de la mañana, te hace un tupper, te pone límites cuando te culpas, te devuelve el cuerpo cuando lo sientes ajeno. Y en ese encontrarnos (en el akelarre, en el corro de sillas, en el hilo que pasa de mano en mano) está la grieta, está la mecha. Jodidamente juntes, jodidamente vivas.

No es casualidad que hayamos elegido la representación de la técnica del ganchillo para ilustrar todo este sentimiento. El tejido, históricamente relegado al ámbito doméstico y a lo "femenino" privado, ha sido infravalorado por ello. Sin embargo, es una herramienta de resistencia, memoria y sanación colectiva, una forma de convertir la experiencia de violencia en movimientos y acciones colectivas.

Cuando las mujeres se reúnen a tejer, el acto deja de ser una tarea productiva para convertirse en un espacio político. Se comparten dolores comunes y te das cuenta de que "lo que me pasa a mí, nos pasa a muches". Se crea un espacio de escucha activa y amable. Y lo que tejes se convierte en un testimonio visual donde las supervivientes de violencias y conflictos narran historias que el Estado intenta borrar. El hilo hace visible lo invisible, une fragmentos sueltos de historias familiares o comunitarias rotas y simboliza la red de apoyo emocional que te sostiene en momentos feos. Tejer es una forma de pensamiento: mientras las manos se mueven, el espíritu se ordena y la herida se zurce. No solo sobrevivir, sino desbordar vida y deseo.

Todo lo que aquí habéis leído es un patchwork, recogido del sentipensar de referentas y voces sobre violencias machistas que nos sostienen: Lorena Cabnal, Rita Segato, Itziar Ziga, Virginie Despentes, y de todes aquelles que en algún momento nos habéis aguantado la frente y retirado el pelo de la cara. 

Besitos amores, gracias por vuestro tiempo.

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